Yacimiento fósil Homo naledi: ¿Por qué solo hay mujeres?
Un equipo de investigadores ha analizado el esmalte de 23 dientes de al menos 20 ejemplares de Homo naledi, una especie de homínido extinto. El objetivo era buscar la proteína Amelogenina-Y, que solo existe en los machos. No la encontraron, lo que sugiere que todos los especímenes analizados eran biológicamente femeninos.
El Homo naledi es una especie enigmática que se descubrió en 2015 en una cueva de Sudáfrica. Su cuerpo tiene una forma curiosa, con una cabeza y hombros similares a los Australopithecus, pero manos, pies y cara similares al género Homo. Su cerebro es aproximadamente un tercio del tamaño del cerebro humano. Los esqueletos encontrados en la cueva de Rising Star son muy homogéneos, lo que llevó a los investigadores a asumir que había machos y hembras. Sin embargo, el análisis molecular ha demostrado que todos los especímenes analizados eran femeninos.
“Los esqueletos encontrados en la cueva de Rising Star son muy homogéneos, lo que llevó a los investigadores a asumir que había machos y hembras”
El análisis se realizó en dos laboratorios de forma independiente para validar los resultados y descartar errores internos. El equipo de la Universidad de York también analizó los aminoácidos para descartar que las proteínas fueran producto de la contaminación. Lee Berger, uno de los autores del estudio, sostiene que si los adultos vivían separados por sexos, esperaríamos encontrar al menos bebés masculinos en la cueva, pero no fue el caso. Esto sugiere que la segregación por sexos podría ser una práctica mortuoria.
El descubrimiento es importante porque sugiere que el yacimiento de Rising Star es el primer yacimiento de enterramiento exclusivamente femenino creado por una especie que no era Homo sapiens. Esto implica que cientos de miles de años antes de lo que se pensaba, ya existían rituales funerarios. El estudio también ayuda a contextualizar al Homo naledi en el árbol de la evolución, ya que comparte una característica en una proteína de los huesos con el Paranthropus robustus. Elizabeth Sawchuk, conservadora de evolución humana, resume el resultado como "extraño en una especie que ya era de por sí extraña".